Esto empezó con una forma de observar el mundo. Con haber crecido en un lugar muy especial, dentro de una familia unida.

Empezó entre minas y piedras recolectadas, jardines cuidados con amor, y la paciencia de guardar algo hermoso aún sin saber para qué sería.

 Para entender lo que hacemos hoy, hay que mirar atrás, al lugar dónde todo floreció, a nuestra familia y a los objetos que sin saberlo fueron marcando el inicio.

Porque lo que permanece siempre tiene historia.

Bienvenidos a la nuestra.

01

Múzquiz

Múzquiz, donde el desierto se encuentra con un oasis de vida.

Árboles gigantes, encinos y sabinos, un arroyo cruzando el jardín, el canto de
los pájaros, los grillos y las chicharras, entre
ardillas, mariposas y luciérnagas.

Crecer aquí fue aprender en libertad: escuchar el silencio, respetar la
naturaleza, observar… y apreciar la belleza sin prisa.

Múzquiz:. El lugar mágico donde todo empezó,

Un lugar que deja huella.

Y Adolfo. 

02

Adolfo

Toda historia tiene un origen. La nuestra empieza con él.

 Mi bisabuelo, fue un hombre adelantado
a su tiempo. Brillante, elegante, visionario. Autodidacta, intelectual, innovador.

Hombre de negocios, generoso y filántropo, con proyectos que trascendieron fronteras: minas de fluorita, plata, carbón y zinc.

Fue el patriarca de la familia. De carácter fuerte, mirada firme, y a la vez
profundamente consentidor y protector.

Bohemio, amante de la música, los libros, el
cine, las antigüedades y el arte.

Tenía un ojo exigente y una profunda
admiración por la excelencia.

En su casa había una mesa. Sin saberlo, alrededor de ella se fue formando lo que vendría después.

03

Vita

Mi bisabuela Vita tenía una sensibilidad especial con un gusto refinado para cada detalle.

Amaba el arte, la música, la cocina, la
decoración, la moda.

Su casa no solo se veía hermosa: se sentía. En sus ventanales había muchas
piedras, colocadas con cuidado. Todo en orden. Todo en su lugar.

Sus jardines hermosos llenos de flores y sus abejas. 

Una gran armonía.

04

Velia

Mi abuela Velia.

Mujer de gran carácter. Fuerte,
elegante, extremadamente
generosa.

Filántropa por naturaleza. De mente
brillante y memoria inigualable.

Lectora voraz. Amante de los
libros, de los dulces y de los
perros.

Podías conversar con ella de cualquier
tema: siempre sabía.

Profundamente creyente. Rezaba todos
los días.

Le encantaba visitar tiendas de
arte y de antigüedades.

Siempre buscando. Siempre observando. 

Disfrutaba las revistas, las películas
de la época del oro del cine mexicano, las novelas.

En su casa había música. Le gustaba
cantar.

 En su vida, hubo un gran amor.

Manolo.

El hombre que la amó profundamente.

05

Manolo

Mi abuelo Manolo era un hombre
extraordinariamente bueno. Cálido, guapo,
sencillo, cariñoso.

Servicial, carismático, práctico. Siempre
optimista y profundamente humano.

Fue a la guerra —la Segunda Guerra Mundial—. Un guerrero disciplinado y persistente, sin dejar nunca que la dureza le quitara la empatía ni el buen humor.

Era un hombre de familia. Amaba las
películas de vaqueros, National
Geographic
, las noticias de la bolsa,

Frank Sinatra, Barbra Streisand, un buen café y las largas convivencias en la terraza, entre árboles y junto al arroyo.

Múzquiz era su refugio. La naturaleza,
la tierra, sus higos, sus chiles
piquines.

Durante décadas,recorría más
de mil kilómetros para llegar a
la mina: de Múzquiz a Bolaños.

En cada visita, pacientemente, recolectaba
piedras. Las guardaba. Las coleccionaba.

Sin saberlo, fue sembrando
una raíz que hoy sigue creciendo.

Cuando murió, pasaron cosas que no
supimos explicar.

06

La mesa

Esa mesa, en casa de mis bisabuelos.

Testigo de conversaciones, convivencias, negocios, sueños y de historia.

Una mesa hecha de piedras, traídas de sus
minas, pacientemente recolectadas.

Ahí se observaban formas, colores ,texturas. También silencios.

Fue testigo de miradas largas, de tiempo
compartido, de decisiones que marcaban rumbo.

Pasaron los años. Inspirado en
esa mesa, mi abuelo hizo tres más. Una para cada una de sus hijas.

Décadas después,mi mamá, Ana,
al igual que ellos, comenzó a buscar,
recolectar, coleccionar
piedras y cuarzos.

Y de repente, surge una idea:

 “Mamá…¿y si hacemos
como las mesas?”

Hoy entendemos que ahí, en esa mesa, empezó todo.

07

Pájaros

Desde que mi abuelo murió, dejaron de ser solo pájaros.

Empezaron a aparecer.

En su cuarto.

En la casa.

En la iglesia.

Con el tiempo, Se volvieron un símbolo.

Presencia.

Compañía.

Más adelante, empezamos a coleccionar figuras de pájaros. Una de ellas necesitaba reparación y Ana hizo su
magia. La intervino con piedras recolectadas de las mesas.

Cuando la vimos terminada, solo dijimos:

wow. ¿y si hacemos esto?

08

Ana

Ana creció rodeada de belleza. No como algo extraordinario, sino como parte de la vida diaria.

Cálida. Con una sensibilidad especial y un ojo muy afinado para la estética.

Crea en un ambiente de música, de luz y de calma.

 Observa.

Combina.

Espera.

Cada pieza es un rompecabezas que se va revelando conforme avanza.

Trabaja con una destreza fina: a veces con pinzas, a veces con lupa.

Sus manos entienden la piedra.

Nada se fuerza.

Nada es casual.

Todo viene de lo vivido.

 

Así es ella,

Y así nacen sus obras.

09

Sus Obras

Aquí nada se hace con prisa

La búsqueda es constante.

Recolectar.

Observar.

Guardar.

 

A veces pasan años.

No para que la piedra encuentre su lugar, sino para que Ana le dé el lugar
exacto.

Cuando todo está ahí, sus manos saben qué hacer.

El rompecabezas empieza.

Fluye.

Avanza.

Crear así es respetar el proceso: sin forzarlo, sin adelantarlo.

Cada pieza creada, viene de una vida entera: observando piedras, mesas, jardines, música.

Aprendiendo a esperar. A saber cuándo sí y cuándo no.

Nunca pensamos en estas piezas como simples objetos decorativos.

Son joyas.

Joyas para tu casa.

Para vivir con ellas.

Para que estén ahí… presentes, contigo todos los días.

10

Madre e Hija

Al igual que mi mamá, crecí entre piedras. Entre montones donde buscaba las más bonitas, sin saber que eso también era una forma de aprender a mirar.

Con mi mamá, siempre ha sido así. Siempre cercanas. Horas caminando juntas, buscando tesoros, dándole forma a lo que aún no existe.

Empecé ayudándola. Ordenando. Moviendo piezas. Pensando a su lado.

Sin darnos cuenta, eso que ya existía se volvió un trabajo compartido.

Hoy buscamos juntas.

Recolectamos.

Imaginamos.

Compartimos historia. Sensibilidad. Y una forma muy nuestra de entender la belleza.

Madre e hija.

Juntas.

11

Creato & Arroka

Nuestras memorias están presentes, viven en cada piedra acomodada, en cada símbolo pensado, en cada pieza que toma forma.

CREATO D’COEUR

es el espacio que abre la puerta.

 

ARROKA

es la expresión en piedra.

 

Juntas cuentan una historia de tiempo, memoria y creación consciente.

Piezas que nacen del pasado, se crean en el presente y están hechas para permanecer.

 

CREATO D’COEUR

es la curaduría, el espacio, la oportunidad.

 

ARROKA

es el origen, la mano, la memoria hecha materia.

 

Aquí, la historia se sigue contando.